olla

La olla ferroviaria es un invento de los antiguos maquinistas, fogoneros y guardafrenos del Ferrocarril Hullero que hacía el trayecto entre La Robla y Balmaseda, más conocido como el Ferrocarril de La Robla, que idearon un sistema para cocinar utilizando el calor del motor de la locomotora. En el punto intermedio de este recorrido se halla la estación cántabra de Mataporquera, donde reposaban las máquinas de carbón y agua y donde se encontraban los únicos trenes de viajeros y mercancías, que trasportaban carbón y apeas. Era, por lo tanto, una población muy conocida en el entorno ferroviario.
Las jornadas de trabajo y los viajes eran muy largos, entre 10 y 16 horas, por lo que los trabajadores se encontraban con un problema a la hora de encajar las horas de la comida en sus quehaceres diarios. La solución fue realizar la comida sobre la marcha, aprovechando los recursos de las máquinas y su imaginación.

 

De esta manera fue como nació la olla ferroviaria. En un primer momento utilizaron un tubo que conectaba el serpentín de la locomotora a una vasija, de donde conseguían unos excelentes guisos al vapor.
Posteriormente, sustituyeron el vapor por el carbón de leña o vegetal y empezaron a cocinar en el furgón de cola del tren. Se instaló así una forma de trabajar que eliminó el problema que suponía la hora de comer y, casi de rebote, creó todo un arte culinario que ha dado mucha fama a los ferroviarios.
Por otra parte, este invento tenía una doble función, ya que durante los duros meses de invierno el calor de la olla servía también como calefacción.

Como decíamos al principio, en la olla ferroviaria se puede cocinar cualquier guiso o cocido tradicional, pero el más típico de estos trabajadores era el guiso de patatas con carne de ternera. Asimismo, las legumbres ocupaban un lugar destacado: alubias o garbanzos eran productos indispensables en sus viajes diarios, ya que aportaban mucha energía.

olla ferroviaria

La olla ferroviaria empezó siendo un rudimentario artilugio de metal que con el paso de los años evolucionó notablemente y estaba compuesta por una carcasa o forro de chapa de hojalata, hermética y con un agujero en el fondo para expulsar el vapor de agua, y en cuyo interior se alojaba el puchero.

En la actualidad está compuesta de dos partes, un recipiente metálico y un puchero. El primero normalmente está realizado con chapa y dispone de tres patas. Es el soporte donde se realiza en fuego con el carbón vegetal. Por su parte, el puchero puede ser de porcelana esmaltada o de barro y en él es donde se cocina el guiso.

 

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